
Dos meses han pasado desde que empecé de nueva cuenta la universidad para poder homologar mi profesión de abogado en este nuevo país. Ha sido, en verdad, toda una experiencia.
Y a decir verdad, es que no sé cuanta gente pueda tener esa oportunidad de estudiar nuevamente su carrera, en un idioma distinto y en un sistema completamente diferente. El regresar, casi veinte años después a ver los pilares de mi profesión, a respirar ese ambiente universitario me ha dado una visión muy diferente de las cosas.
Porque a pesar de que busqué, de manera anticipada, conocer las experiencias de otros que habían emprendido este mismo camino, puedo decir que hasta el momento mi experiencia dista mucho de como me habían pintado el panorama.
En primer lugar, la sensación lejos de ser desagradable, de sentirse fuera de lugar, de ser el "anciano" que regresa a la escuela para estar rodeado de párvulos, es completamente diferente. Hay gente mucho mayor que yo en mis clases, en algunos casos los catedráticos son mucho más jóvenes que uno y se vive ese ambiente de las universidades renacentistas, donde la edad del educador y del educado pasaban a un segundo plano.
Los "muchachos" son bastante abiertos y te reciben y aprecian que un inmigrante como yo, no se conforme con tener su profesión en su país de origen y aspirar a un puesto intermedio en el ejercicio del Derecho. De hecho, una sorpresa muy agradable fue ver que a muchos de ellos les gusta como suena el idioma español e incluso hacen el esfuerzo de practicar lo que aprendieron en su educación secundaria. con gusto me ayudan a mejorar mi francés y compartimos sin ningún reparo las notas o apuntes de clase.
Lo que sí fue un choque verdaderamente generacional, fue que cuando yo estudié mi primera universidad, nos la apañábamos con darle a la pluma y al cuaderno, con tener el código o ley a la mano y después salir corriendo a la biblioteca a buscar cuanto libro se pusiera en frente, para profundizar la investigación o estudio del tema en turno.
Así pues, llegué muy preparado el primer día de clase, cuaderno en mano, hecho un manojo de nervios por todas las malas experiencias y leyendas urbanas que había escuchado en torno al regreso a la universidad. me siento en esas aulas tipo anfiteatro y veo como llegan todos los alumnos. Hasta ahí todo pintaba bien. De repente, un ejército de computadoras portátiles se apodera de los escritorios y las miradas de reojo a mi cuaderno no se hicieron tardar... Obvio decir que al siguiente día regresé con mi laptop a la escuela para poder tomar apuntes, faltaba más.
Con el tiempo me voy dando cuenta que no solamente es tomar apuntes en el ordenador por tomarlos: tienes acceso a internet y puedes ver todas las leyes que se requieran al momento. yo uso además un diccionario en línea para aquellas palabrejas complicadas. la labor de tomar apuntes es mucho más fácil.
Con la ayuda de una grabadora (que uso más como soporte psicológico que como herramienta de estudio) grabo las clases, pues a veces se escapan algunas palabrejas domingueras, dichas en el famoso quebecois, para después, en calma, volver a escuchar esa parte de la clase y completar el apunte.
Para mí es una experiencia sumamente grata y especial. Por un lado puedo volver a reencontrarme con viejos amigos, esos conceptos básicos de mi profesión que quizá por el tiempo o por la complejidad de las leyes, se fueron empolvando poco a poco. Por otro lado, estoy recibiendo un curso intensivo en francés... A lo mejor me deberían cobrar el doble por eso.
También ya pasaron los primeros temibles exámenes intrasemestrales. Aún estoy a la espera de todas las notas y calificaciones. Pero debo decir que cuando obtuve la primera, en la materia más complicada del semestre, un B+ (algo así como 7.6) me sentí un poco frustado, como que me había faltado empuje. Mi sorpresa fue ver como amigos, familiares y hasta simples conocidos me felicitaron por la nota. me hicieron ver que hacer y aprobar un examen a nivel universitario, en un idioma del cual no hablaba ni media palabra hace tres años, pues tiene algo de mérito. Estoy confiado que los demás resultados serán mucho mejores.
Cuando me preguntan cual es mi impresión de regresar a la escuela, en tono de burla les digo que es como la película de "17 again" ¡pero sin volverse joven o parecerse a Zac Efron!
Y a decir verdad, es que no sé cuanta gente pueda tener esa oportunidad de estudiar nuevamente su carrera, en un idioma distinto y en un sistema completamente diferente. El regresar, casi veinte años después a ver los pilares de mi profesión, a respirar ese ambiente universitario me ha dado una visión muy diferente de las cosas.
Porque a pesar de que busqué, de manera anticipada, conocer las experiencias de otros que habían emprendido este mismo camino, puedo decir que hasta el momento mi experiencia dista mucho de como me habían pintado el panorama.
En primer lugar, la sensación lejos de ser desagradable, de sentirse fuera de lugar, de ser el "anciano" que regresa a la escuela para estar rodeado de párvulos, es completamente diferente. Hay gente mucho mayor que yo en mis clases, en algunos casos los catedráticos son mucho más jóvenes que uno y se vive ese ambiente de las universidades renacentistas, donde la edad del educador y del educado pasaban a un segundo plano.
Los "muchachos" son bastante abiertos y te reciben y aprecian que un inmigrante como yo, no se conforme con tener su profesión en su país de origen y aspirar a un puesto intermedio en el ejercicio del Derecho. De hecho, una sorpresa muy agradable fue ver que a muchos de ellos les gusta como suena el idioma español e incluso hacen el esfuerzo de practicar lo que aprendieron en su educación secundaria. con gusto me ayudan a mejorar mi francés y compartimos sin ningún reparo las notas o apuntes de clase.
Lo que sí fue un choque verdaderamente generacional, fue que cuando yo estudié mi primera universidad, nos la apañábamos con darle a la pluma y al cuaderno, con tener el código o ley a la mano y después salir corriendo a la biblioteca a buscar cuanto libro se pusiera en frente, para profundizar la investigación o estudio del tema en turno.
Así pues, llegué muy preparado el primer día de clase, cuaderno en mano, hecho un manojo de nervios por todas las malas experiencias y leyendas urbanas que había escuchado en torno al regreso a la universidad. me siento en esas aulas tipo anfiteatro y veo como llegan todos los alumnos. Hasta ahí todo pintaba bien. De repente, un ejército de computadoras portátiles se apodera de los escritorios y las miradas de reojo a mi cuaderno no se hicieron tardar... Obvio decir que al siguiente día regresé con mi laptop a la escuela para poder tomar apuntes, faltaba más.
Con el tiempo me voy dando cuenta que no solamente es tomar apuntes en el ordenador por tomarlos: tienes acceso a internet y puedes ver todas las leyes que se requieran al momento. yo uso además un diccionario en línea para aquellas palabrejas complicadas. la labor de tomar apuntes es mucho más fácil.
Con la ayuda de una grabadora (que uso más como soporte psicológico que como herramienta de estudio) grabo las clases, pues a veces se escapan algunas palabrejas domingueras, dichas en el famoso quebecois, para después, en calma, volver a escuchar esa parte de la clase y completar el apunte.
Para mí es una experiencia sumamente grata y especial. Por un lado puedo volver a reencontrarme con viejos amigos, esos conceptos básicos de mi profesión que quizá por el tiempo o por la complejidad de las leyes, se fueron empolvando poco a poco. Por otro lado, estoy recibiendo un curso intensivo en francés... A lo mejor me deberían cobrar el doble por eso.
También ya pasaron los primeros temibles exámenes intrasemestrales. Aún estoy a la espera de todas las notas y calificaciones. Pero debo decir que cuando obtuve la primera, en la materia más complicada del semestre, un B+ (algo así como 7.6) me sentí un poco frustado, como que me había faltado empuje. Mi sorpresa fue ver como amigos, familiares y hasta simples conocidos me felicitaron por la nota. me hicieron ver que hacer y aprobar un examen a nivel universitario, en un idioma del cual no hablaba ni media palabra hace tres años, pues tiene algo de mérito. Estoy confiado que los demás resultados serán mucho mejores.
Cuando me preguntan cual es mi impresión de regresar a la escuela, en tono de burla les digo que es como la película de "17 again" ¡pero sin volverse joven o parecerse a Zac Efron!
Si uno tuviera esa pinta, es que no lo dejarían ni respirar...La verdad es que miento. cuando estoy en la facultad, me viene a la mente una escena de una excelente película de 1994 "With Honors" , cuando Joe Pesci le dice a Brendan Fraser que más que fijarse solamente en la meta hay que disfrutar el recorrido también. A veces, esta reflexión tan simple, es sumamente difícil de hacer, pues la levantadas temprano, las idas y venidas en el camión, las desveladas estudiando o los fines de semana encerrado entre libros, pues no se antojan mucho. Aún así debo ser franco y decir que siento un poco que el tiempo esté pasando tan rápido y no pueda ser capaz de disfrutar al máximo esta experiencia única en la vida.




